
DV. La 57 edición acaba de echar el telón pero instituciones y organización piensan ya en la próxima. Y el fantasma del ajuste presupuestario planea de nuevo en el horizonte... aunquen con el reto de mantener el nivel de los últimos años.
El Ayuntamiento de San Sebastián estudia que el recorte general en sus principales partidas de gastos afecte también a las grandes citas culturales. Los festivales de Jazz y Cine, además de la Quincena Musical y la programación estable del año, podrían ver reducidas sus cuentas en cifras que, según las diversas fuentes consultadas, podrían oscilar entre el diez y el quince por ciento. «Si la crisis obliga a apretarse el cinturón en todos lo campos, también habrá que hacerlo en esto», dicen en el Consistorio.
El empuje de Madrid
Pero en el caso del Festival la decisión es más complicada. Es una sociedad anónima en la que participan a partes iguales el Ayuntamiento, la Diputación, el Gobierno Vasco y el Ministerio de Cultura. El año pasado, cuando apareció el fantasma de la crisis, las instituciones pactaron congelar sus aportaciones.
Esa congelación, unida a que la crisis también afectó a algunos patrocinios, provocó que si el Festival de 2008 tuvo un presupuesto de siete millones seiscientos mil euros, el de 2009 ha estado en torno a los siete millones. Y queda por ver qué pasará en el de 2010.
Curiosamente es el Ministerio de Cultura el que apuesta con más énfasis por mantener las actuales cifras del certamen y no meter la tijera, como ya ocurrió el año pasado. El Gobierno Vasco se mantiene expectante y son Ayuntamiento y Diputación los que parecen decantarse más por el ajuste.
Hace un año, cuando se habló de congelaciones presupuestarias, el equipo dirigido por Mikel Olaciregui avisó que sólo se mantendría en caso de disponer de los medios suficientes «para hacer un Festival digno». Esta edición ha sido recortada en un día y en uno de los ciclos paralelos, pero el resultado final ha estado por encima de las previsiones.
Falta por ver qué ocurrirá ahora, cuando se materialicen los nuevos ajustes. En medios institucionales se espera que Olaciregui y su equipo continúen al frente, aunque algunos entes, como la Diputación, son críticos con aspectos internos de la gestión, como la falta de un gerente o la subcontratación de empresas para gestionar parte de la labor.
Más allá del dinero, los responsables políticos del Festival valoran muy positivamente la tarea desarrollada por el equipo de Olaciregui en la consolidación del certamen, aunque varias de las fuentes consultadas coinciden en la necesidad de reforzar la presencia de estrellas de primer orden en San Sebastián. «Sabemos que es difícil, pero el esfuerzo merece la pena», apuntan.
Y el caso de Brad Pitt, la gran estrella de este año, es un perfecto ejemplo de eso: de lo complicado que es traer a Donostia a un número uno pero también de la proyección mediática que supone.
«Conseguir que Brad Pitt y Tarantino estuvieran en el arranque del Zinemaldia con Malditos bastardos costó meses de negociaciones», explica un directivo del certamen. Es un encaje de bolillos en el que la productora debe dar su bendición y los ajustes de agendas no siempre casan. Pero hubo suerte, vino Pitt y su presencia en Donostia ha aparecido en numerosos medios internacionales. Pitt es hoy el actor internacional que más atención mediática convoca.
Más estrellas
Hay quien dice que el Festival ofreció a Pitt el Premio Donostia y que éste lo rechazó «porque aún piensa que su trayectoria está a medio hacer». El único Donostia fue Ian McKellen, un gran actor que paseó por San Sebastián como un caballero. La organización quiso dar otro más pero no consiguió cerrar la presencia en la ciudad del actor en cuestión, con quien llevaban meses conversando. ¿Era Johnny Depp?
Y ese premio se echó en falta, porque una o dos presencias más de artistas de proyección popular hubieran completado con nota el capítulo del glamour. Desfilaron por la alfombra Robert Duvall, Naomi Watts y buena parte de los actores y actrices españoles, pero faltó alguna estrella más.
Desde hace años, el mayor éxito de este Festival es su conexión con el público que llena las salas y vive con pasión la cinefilia al menos diez días al año (en esta edición, pese al día menos de duración, la cifra de espectadores se ha mantenido o incluso ha subido). Pero también el Zinemaldia debe atender a ese otro público que busca glamour y se concentra en el entorno del Kursaal o el Victoria Eugenia para vivir el ambiente. Si de algo peca el actual equipo de dirección es de un «exceso de sobriedad»; temen una imagen demasiado frívola del Festival. Y ahí queda abierta una vía de trabajo: hacer del Zinemaldia una fiesta ciudadana más allá de las películas o los actos internos del propio certamen.
Donde sí ha habido una masiva presencia es en la nómina de directores. Realizadores como Tarantino, Ang Lee, Jim Jarmusch, Laurent Cantet o Terry Gilliam han pasado por San Sebastián en una verdadera concentración de talento. Zabaltegi ha sido en buena parte de los casos el gancho que jusitificaba su presencia.
Marketing exterior
Más allá de las sombras, el balance de esta edición, que se anunciana como «el año de la crisis», ha superado el aprobado. El Festival sigue siendo una herramienta de primer orden en la proyección exterior de San Sebastián y el País Vasco y un dinamizador económico que durante semana y media llena hoteles o mueve el sector servicios de la capital.
Ahora que todas las ciudades o comunidades quieren inventar eventos que proyecten su nombre o aderecen su «marketing de ciudad», Donostia puede exhibir con orgullo una cita con 57 años de historia que ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos. Por eso cualquier recorte o ajuste debe medirse con mimo: es lógico que las grandes citas culturales sufran también los efectos de una crisis que aprieta el cinturón en tantos órdenes de la vida cotidiana, pero muchas veces esas citas, como el Zinemaldia, son factores económicos que dinamizan.
El debate está abierto. A finales de octubre se cerrarán las cuentas del Festival de este año y habrá más datos para estudiar el futuro.De momento disfrutamos de lo bueno que ha dejado esta 57 edición, Un Festival que no tuvo fiesta oficial de clausura por aquello de las restricciones, aunque al final sí hubo un acto privado para jurados, premiados y organizadores en las villas de Designhouses en Zorroaga, donde se brindó por el futuro... y donde los galardonados seguían felices, con el chino Lu Chuan y los actores Lola Dueñas y Pablo Pineda a la cabeza.
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