55 Donostia Zinemaldia/55 Festival de San Sebastián
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Richard Gere provocó la locuara colectiva con su visita a Donostia. Probablemente el mayor fenómeno popular en la historia reciente del Zinemalida. [Foto: USOZ]

Y lucieron las estrellas

Richard Gere arrasó como rey del 'glamourómetro', Liv Ullmann fue cálida, Demi Moore distante, Viggo Mortensen encantador y Paul Auster, un colega. Ha sido un año estelar.

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Mitxel Ezquiaga | 01.10.2007

Ha habido buen cine, un aplaudido palmarés y más público que nunca en las salas. Pero el gran titular de la 55 edición del Festival de Cine de San Sebastián, clausurada en la noche del sábado, es «el regreso del glamour». La crítica más repetida en ediciones anteriores del Zinemaldia se refería a la ausencia de estrellas, y este año las ha habido para todos los gustos: populares e intelectuales, frías y calientes. Y siempre con película bajo el brazo que lo justificara: las estrellas han vuelto pero no a golpe de talonario.

A primera hora de la mañana de ayer Demi Moore abandonaba el hotel María Cristina parapetada tras sus gafas de sol y sin apenas hacer caso a los cuatro incansables que permanecían aún en la puerta en busca de autógrafos. La presencia de la actriz en el tramo final del Festival ha sido el contrapunto perfecto: sus maneras y manías de diva han traído el «glamour distante» que nos hace apreciar más la calidez y cercanía de las otras granndes estrellas de este año. Viendo a la Moore pelearse con los fotógrafos, entrar por las puertas de servicio o permanecer tan fría en el escenario del Kursaal valoramos más la cordialidad de Richard Gere, estrechando manos de manera incansable a la una de la madrugada o hincando la rodilla en el suelo en el auditorio para agradecer su premio Donostia.

Y es que Gere ha sido el rey. Desató una histeria colectiva que en algún momento hizo temer problemas de orden público a la propia dirección del Festival. Parecía que la gente llevaba tiempo a la espera de una buena excusa estelar para desatar pasiones, y con Gere llegó la catarsis. El problema es que ha hecho subir el nivel de exigencia: de cara al año que viene ya han comenzado los pronósticos. ¿Harrison Ford, George Clooney, Nicole Kidman?

Viggo Mortensen había sido el primero en llegar y marcar el tono de «glamour cercano». El escritor Paul Auster, presidente del jurado, ha sido durante estos días un donostiarra más: ya nos familiarizamos con él y uno podía verle paseando con su mujer por el Boulevard sin que nadie le molestara. Y además, cumplió: el palmarés fue uno de los más coherentes de los últimos años y nos regaló su reconciliación con Wayne Wang, Concha de Oro, en una bonita historia que alguien ha comparado con una novela-del-tipo-de-Paul-Auster.

Liv Ullmann es noruega pero se comportó con calidez mediterránea y dio una lección de amor por el cine y por la inteligencia al recoger su premio Donostia. Samuel L. Jackson paseó por la ciudad como si saliera de la pantalla en Pulp Fiction. Y hubo más, mucho más. Eduardo Noriega es quien probablemente más autógrafos ha firmado. El director Roberto Benigni, que vino como consorte a «buscar» a su esposa, la también actriz Nicoletta Brasche, que ejerció de jurado, habría sido foto de portada otro año, pero esta vez tenía competencia. Había tantas estrellas que pasó desapercibida, por ejemplo, la actriz Gloria Reuben, conocida por su papel en la serie Urgencias y presente en San Sebastián como mujer de Christopher Zalla, director de la película Padre nuestro.

La alfombra roja ha sido como un tsunami contagioso: hasta la escritora Espido Freire tomó el aire estelar y ha paseado por el Festival unos escotes que probablemente habrían dejado boquiabiertos a sus lectores.

El glamour ha vuelto al Festival, si es que se había ido. Y ha quedado demostrado que un certamen ya grande como éste tiene sitio para la cinefilia más exigente y la pasarela de estrellas más populares. Que no se trata de elegir entre uno u otro modelos, sino de sumar. Del mismo modo que este año hemos visto que los escenarios del Kursaal y del Victoria Eugenia son compatibles porque hay muchos festivales a la vez, pero están en éste